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Carlos Cuerpo, secretario general del Tesoro.
Carlos Cuerpo, secretario general del Tesoro.Pablo Monge

Carlos Cuerpo tomará las riendas del Ministerio de Economía tras la marcha de Nadia Calviño al Banco Europeo de Inversiones (BEI). Tendrá que reemplazar a la cara más solvente del Ejecutivo. Tiene conocimientos técnicos y experiencia en cargos de la Administración: es técnico comercial y economista del Estado, doctor en Economía, trabajó en la Comisión Europea y en la Autoridad Fiscal (Airef) cuando la presidía Escrivá, y en la actualidad era el secretario general del Tesoro, a cargo de las emisiones de deuda y de la regulación financiera. Es un hombre de confianza de Calviño y aportará un perfil más técnico a un Gobierno muy político. Será además un apoyo fundamental para la nueva vicepresidenta primera, María Jesús Montero, y presidirá la Comisión Delegada de Asuntos Económicos, el órgano donde se discuten las políticas económicas del Ejecutivo.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha dicho al anunciar el nombramiento de que Cuerpo es “un europeísta convencido y profesional honesto, sin más agenda que de la de ser útil”. Y ha añadido que su predecesora ha dejado el listón muy alto, pero que está convencido de que el nuevo ministro estará a la altura.

Nacido en Badajoz en 1980, ha estado acudiendo con la vicepresidenta Calviño al Ecofin, las reuniones regulares de los ministros de Economía y Finanzas europeas. También a los principales foros internacionales como el G20 o el FMI. Tiene, por tanto, un profundo conocimiento de los organismos internacionales en los que ha sido la mano derecha de Calviño. De hecho, ha liderado el acuerdo de reglas fiscales europeas alcanzado durante la presidencia española de la UE. De modo que conoce a la perfección los entresijos de Bruselas y de las nuevas reglas de disciplina que habrá que aplicar.

En la Comisión Delegada de Asuntos Económicos ya se ha tratado el que será el mayor reto del nuevo ministro de Economía: enfrentarse a un período de ralentización económica en el que volverá a aplicar la disciplina presupuestaria que imponen las reglas fiscales europeas. Ya no habrá una barra libre para el gasto financiado por el Banco Central Europeo. Hasta ahora el Gobierno ha podido tirar del endeudamiento para atravesar un período plagado de shocks tan acusados ​​como la pandemia, la Guerra de Ucrania o la crisis de precios. Así se ha conseguido que tire la actividad y el empleo y, en consecuencia, que impere la paz social en la calle. En principio, la economía debería seguir creciendo. Pero en plena atonía europea, lo hará de una forma mucho más moderada, y la capacidad para tener alegrías con el gasto será bastante más reducida, máximo si se tiene en cuenta la necesidad de dedicar más recursos al envejecimiento de la población y las inversiones verdes. , digitales y de Defensa. El margen será estrecho. Y todavía habrá más complicaciones porque el Ejecutivo tendrá que orquestar negociaciones a múltiples bandas para tramitar cualquier legislación.

En este contexto, Carlos Cuerpo tendrá dos misiones fundamentales: una, alinearse con la vicepresidenta primera y titular de Hacienda, María Jesús Montero, para ejercer de faro de la ortodoxia y frenar las pulsiones más populistas que puedan tener algunos de sus socios en el terreno. económico en un momento en el que la coyuntura puede no ser tan propicia. Los enfrentamientos que ya mantenían Calviño y Montero con la vicepresidenta segunda y líder de Sumar, Yolanda Díaz, seguirán replicando. Quizás por ello, Calviño y Montero mantenían una buena relación. Y Cuerpo tendrá que tratar de repetir esa sintonía. Aunque pierdan alguna batalla, será importante que hagan de contrapeso y gradúen cualquier medida que apruebe el Ejecutivo.

Y dos: quizás la tarea más importante sea obtener en Bruselas la mayor relajación posible de la senda fiscal. El ministro tendrá la peor ventaja de que Francia e Italia presentan ahora mismo unas cuentas públicas. Y siempre podrás alinearte con estos países para pedir un camino de ajustes más suaves y que no afecte a la marcha de la economía. Buscar la gradualidad en la corrección de las cuentas será esencial.

Además será fundamental la gestión del plan de recuperación y los fondos europeos. Estas inversiones podrán dar un cierto impulso a la actividad justo cuando haya que ser más austero con otras partidas. Ha sido bastante difícil poner en marcha el despliegue de estos recursos. Se acumulan demasiados retrasos y será una tarea inteligente cumplir con el plan en tiempo y forma. El ministro podría incluso acabar teniendo que pedir una extensión de los plazos, algo que tampoco se antoja una tarea fácil en Europa.

Para evitar que las restricciones presupuestarias afecten en modo alguno al crecimiento, el ministro debería fomentar reformas que impulsen la productividad, la asignatura pendiente de la economía española. Aunque el crecimiento ha sido robusto, no lo ha sido tanto en términos per cápita.

Las consecuencias que puedan tener la desaceleración económica y los coletazos de las subidas de precios serán también un objeto de preocupación. El Ejecutivo tendrá que seguir examinando medidas que ayuden a los colectivos más vulnerables. La posible ralentización del empleo en un contexto de ralentización europea; la falta de trabajadores en muchos sectores; la elevada rotación del empleo, el seguimiento de la reforma del subsidio de paro; la gestión de las emisiones del Tesoro con tipos más altos; la vigilancia de la solvencia de los bancos; el relanzamiento del ICO o cuidar las relaciones con las empresas, estigmatizadas a veces en el discurso político del Ejecutivo, serán otros hitos en el camino.

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