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Una explosión ha terminado en la tarde del martes con la vida de Saleh al Aruri, número dos de Hamás, en un barrio a las afueras de Beirut. La organización islamista acusa a Israel del ataque en la capital del Líbano, pero el Gobierno de Benjamín Netanyahu no ha reconocido hasta ahora su autoridad. De confirmarse, supondría el mayor éxito israelí desde el inicio de la guerra de Gaza el pasado 7 de octubre, al eliminar al militante de más alto rango de la organización islamista. Seía tratar además, del primer ataque israelí contra la capital libanesa desde 2006. Según Reuters, el ataque se produjo con un misil lanzado desde un dron.
Al Aruri, cofundador del brazo armado de Hamás, las Brigadas de Ezedín al Qasam, era el principal colaborador del líder de la organización, Ismail Haniye. Su muerte se produce en medio de las conversaciones entre ambos bandos para un posible alto el fuego y el intercambio de rehenes secuestrados por Hamás y palestinos presos en cárceles israelíes. Tras conocerse su desaparición, Haniye ha reiterado que sus condiciones para un nuevo canje pasan necesariamente porque Israel decreta “un cese completo” de su ofensiva militar en Gaza.
Cuando están a punto de cumplirse tres meses desde los ataques que acabaron con la vida de 1.200 israelíes y el inicio de la respuesta militar israelí que ha provocado más de 21.000 víctimas mortales en la Franja, la eliminación de Al Aruri constituye un éxito para el Gobierno. de Netanyahu que, desde el 7 de octubre, pese a asediar por tierra mar y aire de ese territorio, no había conseguido capturar ni eliminar a ningún dirigente de alto rango de Hamás. El cargo de Al Aruri en la organización supera al que en Israel se considera el objetivo número uno, el líder en la Franja, Yahia Sinwar, y su lugarteniente y líder local del brazo militar, Mohamed Deif.
Al Aruri, natural de un pueblo cercano a Ramala, era además el responsable de la milicia en Cisjordania. Su asesinato ha provocado protestas en el centro de la capital palestina. El primer ministro del Líbano, Najib Mikati, ha condenado la explosión como un “nuevo crimen israelí” que, según ha dicho, busca implicar a su país en la guerra. Hamás ha confirmado su muerte en lo que considera “un cobarde asesinato”. El ataque se produjo en las oficinas de Hamás en Dahiye, un barrio controlado por Hezbolá, que intercambia casi a diario cohetes, fuego aéreo y artillería con Israel en el norte del país. Además de la muerte de Al Aruri, el ataque provocó la de otras cinco personas, informa Reuters.
El ejército israelí se ha negado a confirmar la autoría del ataque. Mark Regev, asesor del primer ministro Benjamín Netanyahu, ha asegurado a la cadena estadounidense MSNBC que Israel no se hacía responsable del bombardeo. “Quienquiera que haya sido, esto debe quedar claro: este no era un ataque contra el Líbano”, afirmó. “Quienquiera que lo haya hecho ha llevado a cabo un ataque quirúrgico contra la cúpula de Hamás”, añadió.
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