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«Ahora mismo no hay vuelta atrás». Es lo que piensa el politólogo Ismael Crespo, codirector del Centro de Estudios Murciano de Opinión Pública (Cemop), sobre la crispación que vive toda España y de la que no es ajena la Región de Murcia. De hecho, el año pasado se situó tercero en el 'ranking' de la polarización más alta del país, según un sondeo que animó al Cemop a hacer su 'Encuesta de polarización política' presentada hace unos días.

Todo comenzó, en opinión de Crespo, con la quema de la Asamblea en 1992, cuando durante una protesta de trabajadores afectados por la reconversión industrial de Cartagena, un cóctel molotov cayó en el Parlamento autonómico y provocó un incendio, que saltó a todos los informativos. y portadas nacionales. Como resultado, los expedientes de regulación de empleo de tres empresas tuvieron un impacto menor en las plantillas.

A juicio de Crespo, la polarización va a más porque es rentable como estrategia de comunicación de los partidos. Y no es algo que se circunscribe a la Región de Murcia ya España. Lo hemos visto con Trump, en Estados Unidos, con Milei, en Argentina…

«En la Región de Murcia la quema de la Asamblea sería lo que para los americanos, el asalto al Capitolio», comenta Crespo, que vincula la polarización a los efectos de las crisis económicas, como es el caso del desempleo.

La crisis del ladrillo

En paralelo a las crisis, las manifestaciones han ido a más en la Región a partir del estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008. Las que más han tensado la cuerda de la concordia han estado organizadas en Murcia, motivadas por la polarización y con temas laborales e ideológicos de fondo.

Prueba de ello fueron las protestas contra los recortes aplicados por el Gobierno regional a los funcionarios, que terminaron con San Esteban blindado por la Policía y con lanzamientos de huevos a la casa del expresidente Ramón Luis Valcárcel, en la Navidad de 2011 y en enero de 2012, al grito de «en ese piso está nuestro dinero».

Las manifestaciones han tensado la cuerda de la concordia desde el estallido de la burbuja inmobiliaria

En 2011 también fue sonada la agresión, con un puño americano, cuando entraba en su vivienda, al exconsejero de Cultura Pedro Alberto Cruz, al que los agresores gritaron «sobrinísimo», por su relación con la familia de Valcárcel.

Otro momento conflictivo llegó el 14 de noviembre de 2012 cuando durante la jornada de huelga general por los recortes, hubo un encuentro con la Policía en la calle Bando de la Huerta, de Murcia, que se saldó con un herido: Carlos Gorairis, presidente de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas. Ese día los piquetes lograron cerrar El Corte Inglés y una de las puertas del Gobierno regional.

En el año 2011 tuvo lugar el 15M, que en Murcia se recuerda por la campaña de los indignados en La Glorieta y que se considera como el fin del bipartidismo porque de ahí nacieron Podemos, y más tarde, Ciudadanos y Vox.

Entre 2014 y 2018 la ciudad de Murcia fue escenario de multitudinarias protestas vecinales a favor del soterramiento de las vías del tren y en contra del trayecto del AVE en superficie. Finalmente consiguieron el cambio del proyecto. En los cuatro años que duraron las manifestaciones hubo incendios en las vías y enfrentamientos con la Policía.

Y el último capítulo de esta crispación llega con las protestas que se han organizado, con y sin autorización de la Delegación del Gobierno, frente a la sede PSOE contra la amnistía.

  1. «Las protestas ante la sede de un partido pueden ser una estrategia irresponsable»

El Centro de Estudios Murciano de Opinión (Cemop) publicó hace unos días la 'Encuesta sobre polarización política', que comprobó la aparición de polarización afectiva por razones partidistas a nivel nacional. Aunque se trata de un sondeo referido al conjunto del país, Juan José García Escribano, codirector del Cemop, explica que la Región «incluso agranda las tendencias nacionales» por lo que no le caben dudas de que aquí la polarización «cada vez es mayor» . Eso, sin embargo, no quiere decir que los españoles no estén de acuerdo en muchos temas, pero han detectado que «la política fiscal divide más que el feminismo».

Una alta polarización, insiste García Escribano, «hace que la sociedad se vaya constituyendo en grupos tremendamente enfrentados que perciben al otro como una amenaza para el país si llegara a alcanzar el poder». Eso, en su opinión, «hace que el grupo que gobierna y sus seguidores toleren cada vez en mayor medida un incremento de los comportamientos autoritarios con tal de mantenerse en el poder en tanto que el grupo en la oposición y sus partidarios están cada vez más. dispuestos a usar medios antidemocráticos para conseguirlo».

Descrédito mutuo

A la hora de hablar de síntomas de la polarización, Escribano traza el perfil de «una situación política basada en el descrédito mutuo y la exacerbación de las diferencias». Lo que se busca, explica, es «conseguir votos por una adhesión claramente emocional que excluye el compromiso político racional de la ciudadanía». El antídoto a una sociedad polarizada pasa, a su juicio, «por generar una cultura política basada en la tolerancia mutua y el diálogo sosegado», pero para conseguir esto, «es esencial la actuación de los propios actores políticos y los medios de comunicación» . Al hilo de las manifestaciones en la calle Princesa, García Escribano advierte de que «las protestas ante la sede de un partido o el incendiar las calles para desestabilizar al adversario pueden favorecer el incremento de las posiciones polarizadas y entrar en una espiral que después sea de muy difícil desescalada. Puede ser una estrategia irresponsable que no contribuye a favorecer la paz y la convivencia».

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