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No comenzó bien esta Billie Jean King Cup para la anfitriona España, rendida por Canadá en el primer compromiso de la fase de grupos de las Finales merced a la doble derrota en los turnos individuales. Empezó destemplada el día con la inesperada caída de Rebeka Masarova ante Marina Stakusic (6-3 y 6-1, en 1h 09m) y pese a revolverse en el segundo compromiso, terminó inclinándose. Sara Sorribes se vació frente a Leylah Fernández en casi tres horas de refriega, pero el desenlace (7-6(8) y 7-6(7) decidió una eliminatoria que complica las circunstancias del equipo de Anabel Medina, obligado mañana a vencer el viernes a Polonia para mantener las opciones de acceder a las semifinales del sábado. En Sevilla, de momento, una experiencia dolorosa.
Empezó tarde y mal la historia, con dos horas de retraso respecto al horario estimado por la demora de los duelos anteriores y en forma de trampa. Nadie contaba con ello. De entrada, jarro de agua fría en La Cartuja. Una bofetada. Entró España con el pie izquierdo en la competición, con una derrota que no entraba en los aviones –193 puestos de diferencia entre una y otra– y difícil de digerir en la apertura. La debutante Stakusic (18 años, 258ª del mundo) aprovechó el nerviosismo de Masarova (24 y 65ª) para adjudicarse el punto e inclinar la serie a favor de Canadá, cuya preparadora, Heidi El Tabakh, buscaba el efecto sorpresa y lo consiguió. Vaya que si lo consiguió.
“Ha sido una combinación de todo”, razonaba la española, nacida en Basilea. “Entre que era el primer partido, los nervios de jugar en casa, ella no ha regalado nada… No ha sido una situación fácil. He ido mejorando conforme avanzaba el partido, pero estaba tensa y no terminaba de encontrar mis mejores sensaciones. No veía muy bien por dónde entrarle. A pesar de ser tan joven y de tener al público en contra (4.000 personas), ha estado muy equilibrado y sólido todo el rato. Ha regalado muy poco, bien por su parte. Habrá que ver qué se decide en los próximos días; si me toca jugar otra vez estará más preparada”, se lamentó Masarova, una apuesta que se preguntará, pero hasta cierto punto lógico.
Sin ritmo de competición y ausente desde principios de julio por una lesión vertebral, Paula Badosa presenció el estreno desde el costado, confiando en que su sustituta abriría el cruce con éxito. Sin embargo, a Masarova le pesó en exceso la escena, titubeante e imprecisa, cada vez más desentonada conforme intentaba cosas y no encontraba recompensa. No le salió nada. Con una magnífica planta (1,86), se topó con una adversaria que pese a ser una advenediza se desenvolvió sin una sola duda. El mismo gesto de inicio a fin. De nada le sirvió a la española el buen recorrido de esta temporada y terminó cediendo a la frialdad de la rival; sobre todo, a su propia desesperación.
Al entregarse, su hoja de servicios reflejaba 33 errores, por solo nueve de Stakusic. “No estoy contenta con mi nivel”, resolvió Masarova, que previamente había disputado cuatro partidos en la competición, dos triunfos y dos derrotas; el balance ahora es negativo. Recogió el testigo de inmediato Sorribes y, corriente en contra ya, tuvo que remar y remar y remar en el pulso contra Fernández. La canadiense, un sugerente proyecto venido a menos después de haber protagonizado una irrupción fulgurante hace dos años, cuando alcanzo la final del US Open con 19, posee casi todas las virtudes y pocas deficiencias. Es astuta, lee con inteligencia y no le falta arrojo; combina la sutileza con la determinación, y en términos físicos. Levantó tres bolas de set y convirtió la única que se procuró en el primer parcial. Luego, entre idas y venidas, se rehízo para decantar un encuentro durísimo.
Esa primera manga se extendió prácticamente hora y media, y la continuación siguió los mismos parámetros: una cara a cara de intensidad máxima. Demarró la valenciana, pero no supo conservar la distancia (5-2) y en el desempate volvió a chocar con la versión más aguerrida de Fernández, que anuló otras dos opciones más. A Sorribes, 10 series y 11 partidos individuales (saldo de 6-5), le sobró el pundonor de siempre y le faltó filo; también le penalizaron las dobles faltas (5) y el pobre porcentaje con los segundos servicios (36%). Todo el ímpetu chocó con el repertorio técnico de la canadiense, que a las buenas formas añade no poca valentía. Tampoco se arruga. Se detuvo el reloj en 2h 53, y el equipo español perdió la primera serie. Mal panorama, pero remediable. Polonia en el horizonte.
En el otro compromiso de la jornada, Italia venció a Francia por 2-1 gracias a los triunfos de Martina Trevisan (2-6, 6-2 y 6-2 a Alize Cornet) y Jasmine Paolini (7-6(6), 5-7 y 6-4 a Caroline García). Las de Julien Benneteau maquillaron en el cierre del dobles.
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