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Entonces los científicos notaron algo extraordinario. Las órbitas de los tres planetas coincidieron con lo que se esperaría si estuvieran encerrados en una resonancia 3/2. Los siguientes pasos tuvieron que ver con las matemáticas y la gravedad. El equipo científico, dirigido por Rafael Luque de la Universidad de Chicago, trabajó en una lista bien conocida de resonancias que potencialmente podrían encontrarse en tales sistemas, tratando de relacionarlas con los tránsitos restantes que habían sido detectados por TESS. La única cadena de resonancia que coincidió sugirió un cuarto planeta en el sistema, con una órbita de unos 31 días de duración. Se habían visto dos tránsitos más, pero sus órbitas seguían sin tenerse en cuenta porque eran sólo observaciones únicas (se necesita más de una observación de tránsito para precisar la órbita de un planeta). Los científicos repasaron nuevamente la lista de posibles órbitas si hubiera dos planetas exteriores adicionales que se ajustaran a la cadena esperada de resonancias en todo el sistema. El mejor ajuste que encontraron: un quinto planeta con una órbita de 41 días y un sexto apenas por debajo de 55.
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