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EL AUTOR es periodista. Residir en Santo Domingo.

La Constitución del Estado debe ser siempre protegida y tutelada, aun en los períodos en los cuales requiera ser modificada.a para colocarloa un tono con nuevoohs escenarios jurídicos, políticos o socialesnunca para subyugarla a intereses de personas, grupos o poderes nativos o supranacionales.

El Texto Sustantivo es fuente, vía y guía de los derechos ciudadanos, por lo que, cuando algún poder del Estado vulnerabilidad esos postulados, Hiere gravemente a la democracia y desbroza caminos para la instalación de regímenes de fuerza de izquierda o de derecha.

Tan nocivo resulta lacerar la Carta Magna mediante constante violación a sus preceptos y normas, como los intentos de modificarl.a o suplantarla para dar riendas sueltas a bajas paciones políticas o excesivas ambiciones de Poder, aún sea con la excusas de recuperar el control sobre la seguridad interior del Estado.

En América Latina escenifican alianzas entre poderes del Estado, grupos económicos y formaciones políticas para malograr principios constitucionales con la finalidad de desviar la primigenia fuente del derecho que radica en el respeto a la voluntad popular.

Es lo que ha sucedido en El Salvador, donde el presidente Bukele hirió de muerte a la constitucionalidad bajo el pretexto de que serviría para erradicar. a las pandillas que asolaban a esa nación, como si la propia ley de leyes no consignara normas jurídicas para combatir la delincuencia y criminalidad.

Lo mismo ha ocurrido en Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia, en permanente estado de convulsión política, social y económica por la insistencia de gobiernos y colectivos facticos de inocular en la anatomía constitucional de represión e intolerancia.

Conviene anunciar que tan nocivo resulta modificar la Constitución a conveniencia de gobernantescomo nociva la practica de violar de manera consciente y persistente sus postulados, que seria lo mismo para los fines de provocar inestabilidad e incertidumbre.

Las reformas institucionales se encaminan para el porvenir y no para beneficiar a personas físicas o jurídicas como resultado de una coyuntura, sino para fortalecer el Estado de derecho y de convivencia social, lo que, obviamente ayuda a impulsar el crecimiento económico y el desarrollo social.

La consolidación del espacio democrático en República Dominicana requiere de una firme voluntad política de los Poderes Públicos de fungir de salvaguarda de la Constitución y del Compromiso de respetar y aplicar sus preceptos sustantivos y sus derivaciones adjetivas.

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